viernes, 31 de julio de 2015

cinco años hace cinco años



quiero relatarles la historia de la primera vez que me enamoré, esto pasó durante la universidad, los nombres han sido cambiados para protección de los personajes xD 


Quizá estaría en lo correcto al afirmar que no soy una persona sociable, me desagradan las situaciones en las que tenga que interactuar con gente; y ahí estaba yo tan joven, tan novata tratando de dar con el aula de clase, no conocía prácticamente a nadie aparte de una joven quien me ayudó en el proceso de matrícula y resultó estar en la misma área de estudio que yo. Esli y yo empezamos una relación simbiótica que duró durante toda la universidad, ella se aprovechaba de mí en cuanto al contenido de la clase y yo de ella para matricular clases. Debo admitir que parte de mi graduación se la debo a ella, porque me forzó a sacar más clases y a terminar la carrera más rápido.

Nunca he sido muy hábil haciendo amigos, mi círculo de amistad es pequeño. Aparte de Esli solo tenía de amigo a Edgardo otro estudiante de mi área. Comenzaba el primer semestre de la universidad entonces, y el estudio junto a mi trabajo absorbían la gran mayoría de mí tiempo. Pero tempestuosamente siempre existía otro pensamiento constante, Cesar Rodolfo Chávez Avilés.

La primera vez que mis ojos lo vieron fue la primera semana de clases al entrar a la clase de Psicología de las siete de la noche, el salía del aula, inmediatamente me intrigó todo de él, su cara, su guitarra, su forma de caminar o el  hecho de que andaba con gorra a pesar que estar saliendo de un aula en la noche. No sabría decir exactamente porque pero atrajo mi atención. Días después descubrí que asistía a una de las clases que estaba tomando yo, eso solo empeoró el asunto. El problema de verlo todos los días es que los rasgos de su cara se quedaban grabados en mi mente y era imposible de sacarlo de ahí.

En una de las clases sin siquiera esperarlo terminé dibujándolo en uno de los pupitres. Cuando me percate ya llevaba la mitad del perfil dibujado y Esli lo vio; eso claro llevo a ese especial momento de preguntas incómodas que suelen realizar todas las amigas a aquellas amigas a quienes les notan un ápice  de interés en alguien de género opuesto; y yo tan nueva en esos asuntos muriendo de vergüenza conteste con sinceridad. Así fue como un sentimiento tan nuevo e inexplorado de repente se volvió del conocimiento general entre las personas que me rodeaban.

Para ser franca yo hasta prefería solo observarlo a la distancia, seguir cubriéndome en la duda de si existía o no un sentimiento en mí, esa sensación de desconocer lo que me pasa es mágica; aunque ahora todos forzaban sus observaciones en mi desde ese momento en adelante Cesar abandonó su nombre y pasó a ser conocido por mi círculo como “pupi” como diminutivo de pupitre. Se convirtió en un tipo de ente que estaba presente en cada conversación a pesar de nunca haberle dirigido la palabra.

Me limité a verlo de lejos, de disfrutar de eso extraño que me atraía de él y buscarle explicación. De vez en cuando me quedaba pensativa mientras garabateaba rostros en mi cuaderno, pensando en él; no porque quería sino porque no lograba entender porque estaba ahí clavado en mi cabeza, insertado en mis pensamiento, no era algo romántico simplemente estaba ahí.

Decidí que me gustaba, a partir de ese momento en adelante cuando alguien me preguntara si había alguien que me gustaba, por fin, después de toda una vida negando muchos amores platónicos, había resuelto decir que sí; que sí había alguien que me gustaba. La vergüenza me ganaba pero decidí ser sincera conmigo y con aquellos que me rodeaban, no porque les tuviera confianza sino como experimento a ver cómo iba esto de que me gustara alguien en serio.

Más tarde que temprano llego a mis oídos la noticia que esperaba nunca me llegara, Pupi tenía novia. Ella se me antojaba genial, con sus botas militares y su pelo corto, sus faldas a cuadros y su delineador negro. Se vestía de una manera que aunque yo deseara jamás podría vestir. Y así como decidí que me gustaba tomé la decisión de que ya no me gustaba, la diferencia es que esta vez era solo para los demás, ya que internamente sentía un ardor en el pecho cada vez que lo miraba con la novia. Todavía así cada vez que podía lo miraba y estudiaba su rostro. Algunos días  me parecía  similar a un roedor, otros diminuto, otros súper atractivo. Quizá eso era exactamente lo que más me llamaba la atención lo mucho que cambiaba mis observaciones de él cada día. Llegué a cuestionarme si realmente el cambiaba o era yo.

Como sea, abandoné el afán de llegar a tener algún tipo de contacto con él e intenté concentrarme en nuevos intereses, busqué conocimientos de esta materia que desconocía en otras personas pero no llegaban a intrigarme o a entretenerme de la forma que el solo rostro de Pupi lograba hacerlo. No puedo negar que si aprendí varias cosas y gracias a esas experiencias entendí muchos comportamientos que debía tener de querer cortejar o mostrar interés a algún hombre.

No puedo siquiera calificar como afectos amorosos a los hombres con los que salí ya que aunque salía con ellos jamás llegué a pensar tanto en ellos como en él. Lo maldecía por ratos ya que no comprendía porque me atraía de la manera en que lo hacía. Con el paso de los años dejé que luchar contra ese pensamiento constante y decidí aceptar nuevamente que existía algo en Pupi que no había en los demás; era mejor hacer algo al respecto. Así que regrese a buscar avistarlo de alguna manera dentro de la universidad.

Volvimos a asistir a una clase juntos. Con la experiencia adquirida de mis salidas con otros hombres me llené de valor y decidí, después de dos o tres años a hablarle. Fue difícil para mí dirigirle la palabra después de tanto tiempo de observarlo a lo lejos, sin embargo con el apoyo de Elsi se produjo la contingencia necesaria para que surgiera la conversación. De pronto pasé de verlo pasar de lejos a saludarlo en los pasillos.

Con esta nueva cercanía surgió también una nueva consciencia de quién era Pupi, de sus gustos y personalidad. También me permitió enterarme de que Pupi ya no estaba con la novia. Cosa que revivió un poco la esperanza de algún día acercarme a él. Las conversaciones se volvieron más fluidas, menos corrientes, más profundas. Ya no eran solo saludos, un día nos quedamos hablando sobre una serie de televisión durante más de dos horas parados en el parqueo de la universidad. Resultó que teníamos cosas en común. Comenzamos a intercambiar mensajes de texto.
Por más increíble que sonara realmente podía conversar con él, verlo a la cara mientras me hablaba. Con mi nivel de timidez se me hacía imposible que algo así pudiera llegar a pasar algún día, pero ahí estaba yo conversando con él. Esta nueva cercanía a parte de emocionarme también me dio consciencia de algo bien importante.

Así como yo disfrutaba cada rasgo de su rostro, o absorbía cada palabra que salía de sus labios, cada luz reflejada en sus ojos, cada pestañeo, cada movimiento de sus manos al hablar; así de esa manera él se sentía por alguien más.  Ella era alta, blanca, inteligente, hermosa. Y yo; pues y yo solo era yo. Aún consciente de esta situación seguí con esa relación amistosa con él.

Pasaban los días y hablábamos, yo encantada por él y el encantado por ella. Mantuve este estado que no quería cambiar, deseaba dejar ese momento suspendido en el tiempo, y aunque fuera de esta manera simplemente poder observarlo de cerca, hablar con él, mientras en silencio me pulverizaba hasta lo más profundo. ¿Por qué? Solo porque deseaba estar ahí, no quería enfrentar la verdad que me gritaba a la cara que debía rendirme. Por momentos me mentía diciéndome que eso era todo lo que necesitaba solo seguir a su lado de esa manera.

Un día así como decidí que me gustaba, como decidí que ya no y luego que sí otra vez; así decidí que era tiempo de dejar esa farsa y decirle la verdad. Fue una de las decisiones más difíciles que he tomado en mi vida, el matar ese amor que sentía, velarlo y enterrarlo. Una noche por medio de un mensaje de texto me confesé, le dije que me gustaba a lo que él, claro, tal como esperaba, contestó, que estaba enamorado de alguien más. Yo simplemente le contesté que lo sabía que solo necesitaba decírselo.

Y así acabe con él, ese fue el último mensaje que le mandé y la última vez que conversamos. Ya no he vuelto a saber de él y sí, tardé en sanar pero todo pasa, y por fin después de cinco años estudiando sus rasgos ese sentimiento desapareció y de eso ya van cinco años.

  • Analizando esa situación me doy cuenta de varias cosas:
  •     Me enamoré por primera vez a los 17
  • Por más que intenté no pude sacarlo de mi cabeza por cinco años
  • Me entristece pensar que para él solo seré un personaje de fondo en su historia.
  • Lo mejor que pude haber hecho fue haberme confesado y quitar el “hubiera” de la lista de cosas que hacer.